Virtudes diversas han de ser forzosamente frutos de principios formales; y estos, fuera de uno, por tu argumento quedarían destruidos. Además, si la rareza fuera la causa de esa oscuridad que buscas, o bien estaría este planeta falto de materia de parte a parte, o bien, como en un cuerpo se distribuyen el magro y el graso, así alternaría este su volumen con las hojas. Si lo primero fuera, en los eclipses del sol se manifestaría por el brillo de la luz atraviesa, como cuando algo tenue se interpone. Esto no es; por ende, hay que mirar lo otro; y si lo otro yo destruyo, falsa será entonces tu opinión. Mas si esa rareza no atraviesa de parte a parte, tiene que haber un término más allá del cual su contrario impide que pase más adelante, y desde allí el rayo ajeno se refleja, como el color vuelve del vidrio que oculta tras de sí el plomo». Ahora dirás que el rayo del sol se muestra más oscuro allí que en las otras partes, por estar reflejado más atrás. De esta réplica te librará la experiencia, si alguna vez la pruebas, que suele ser la fuente de los ríos de vuestras artes. Tres espejos tomarás, y aparta de ti dos igualmente, y el tercero más remoto entre los otros dos hiera tus ojos. Vuelta hacia ellos, haz que a tu espalda se ponga una luz que ilumine los tres espejos y regrese a ti reflejada por todos. Aunque la imagen más lejana no sea tan amplia en su cantidad, verás allí cómo resplandece igualmente por fuerza. Así como bajo los golpes de los rayos cálidos el sujeto de la nieve queda desnudo de su color anterior y de su frío, a ti, que así permaneces en el
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Canto II
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