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nydus/The Divine ComedyPublic
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Canto XXIX

“Yo fui de Arezzo —respondió uno—, y Alberto de Siena me mandó quemar; mas no es aquello por lo que morí lo que aquí me trae. Es verdad que le dije, hablando en broma, que podría levantarme en el aire volando; y él, que tenía mucha vanidad y poco juicio, quiso que le enseñara el arte; y solo porque no le hice un Dédalo, hizo que me quemara aquel que lo tenía por hijo. Pero a la última de las diez Folgias, por la alquimia que practiqué en el mundo, Minos, que no puede equivocarse, me ha condenado”.

Y al Poeta dije yo: «¿Hubo jamás tan vanidoso pueblo como el de Siena? Desde luego, ni los franceses de ningún modo».

A lo que el otro leproso, que me había oído, respondió a mi palabra: «Exceptuando a Stricca, que supo el arte de los gastos moderados,

y a Niccolò, que el uso lujoso de los clavos descubrió antes que nadie en aquel huerto donde tal semilla arraiga;

y exceptuando a la brigada en la que disipó Caccia d’Ascian sus viñedos y vastos bosques, ¡y donde el Abbagliato mostró su ingenio!

Mas, para que sepas quién así te secundó contra los sieneses, fija bien tu vista en mí, para que mi rostro te dé cumplida respuesta,

y verás que soy la sombra de Capocchio, que falsifiqué los metales con la alquimia; debes recordar, si bien te discierno, cómo fui un hábil simio de la naturaleza».

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