El primer círculo: El Limbo, o la tierra fronteriza de los no bautizados.—Los cuatro poetas: Homero, Horacio, Ovidio y Lucano.—El noble castillo de la filosofía.
Rompió el profundo letargo en mi cabeza un trueno grave, de modo que me incorporé, cual persona a quien por la fuerza despiertan; y en torno moví mis descansados ojos, erguido ya, y fijamente miré para reconocer el lugar en donde estaba.
Verdad es que me hallé sobre el borde del abismal valle doloroso, que allega el trueno de infinitos ayes. Oscuro, profundo era y nebuloso, de suerte que, al fijar en su fondo la vista, cosa alguna discernía en él.
“Descendamos ahora al mundo ciego”, comenzó el Poeta, del todo pálido; “yo seré el primero, y tú irás en segundo lugar”.
Y yo, que me hube percatado de su color, dije: “¿Cómo he de venir, si tú tienes miedo, tú que sueles ser consuelo para mis temores?”.
Y él me respondió: “La angustia de las gentes que están aquí abajo dibuja en mi rostro la piedad que por terror has tomado. Sigamos adelante, que el largo camino nos urge”.
Así entró, y así me hizo entrar en el primer círculo que abarca el abismo.
Allí, según mi poder de oír, lamentos no había, sino solo suspiros, que hacían temblar el aire eterno. Y esto provenía de la tristeza sin tormento, que las turbas tenían, que eran muchas y grandes, de infantes y de mujeres y de hombres. El buen Maestro a mí: “¿No preguntas qué espíritus son estos que estás viendo? Quiero que sepas, antes de que más avances,