—Vete —respondió—, y cuenta lo que quieras, mas no calles, si sales de este lugar, de aquel que tan suelta tenía la lengua; llora aquí el dinero de los franceses; «puedes decir —añade— que vi al de Duera allí donde los pecadores están en el frío». Si te preguntan quién más estaba allí, tienes a tu lado al de Beccaria, a quien Florencia le cortó la garganta; Gianni del Soldanier, creo yo, está más allá con Ganelón, y Tebaldello, que abrió Faenza mientras la gente dormía.
Ya nos habíamos apartado de él, cuando vi a dos congelados en un solo hueco, de modo que una cabeza era el sombrero de la otra; y tal como el pan se devora por el hambre, el de arriba clavaba los dientes en el otro allí donde el cerebro se une a la nuca.
No de otra manera Tideo royó las sienes de Menalipo por desdén, que aquel al cráneo y a las otras cosas.
«¡Oh tú, que por tan bestial señal muestras tu odio contra aquel a quien devoras, dime la causa —dije—, con esta condición: que si tú de él te quejas con razón, al saber quiénes sois y su pecado, yo en el mundo de arriba te lo pague, si no se seca aquello con lo que hablo!».