Mas como hace quien contempla y luego aprecia a uno más que a otros, hice yo al de Lucca, que parecía tomar mayor conocimiento de mí. Murmuraba, y no sé qué «Gentucca» oí desde aquel lugar donde él sentía la llaga de la justicia que tanto los macera.
«Oh alma —dije—, que pareces tan deseosa de hablar conmigo, hazlo para que te oiga, y con tu habla a ti mismo y a mí me apacigües».
“Una doncella nace, y aún no viste el velo”, comenzó él, “que te hará grata mi ciudad, por más que los hombres la vituperen. Seguirás tu camino con esta previsión; si por mi murmullo te has engañado, cosas verdaderas te lo declararán en adelante. Mas dime si veo aquí a aquel que sacó a la luz las rimas de nuevo cuño, que empiezan: Doncellas que tenéis el entendimiento de amor”.
Y yo a él:
«Uno soy yo, que, cuando Amor me inspira, noto, y en aquella medida que él dentro de mí dicta, voy cantando».
«Oh hermano, veo ya el nudo», dijo, «que al Notario, a Guittone y a mí mismo nos retuvo tras el dulce estilo nuevo que ahora oigo. Bien veo cómo vuestras plumas marchan siguiendo de cerca al dictador, lo que ciertamente no ocurrió con las nuestras; y quien a ir más allá se encamina, ninguna diferencia ve de un estilo a otro»; y, como satisfecho, calló.
Así como las aves que hacia el Nilo en invierno se agrupan en falange, luego vuelan más raudas y en hilera; de tal modo la gente que allí estaba, volviendo el rostro, apresuró sus pasos, liviana por el ansia y la flaqueza.
Y cual se ve a un trotador cansado dejar seguir a los amigos, y andar hasta que fenezca el pecho fatigado; así Forese dejó pasar el santo repta, y vino conmigo tras de aquel, diciendo: «¿Cuándo será que te vuelva a ver?».