Cual el halcón que primero mira a sus pies, luego se vuelve al reclamo y se estira hacia adelante, por el deseo de comida que hacia allí lo arrastra,
tal me torné yo, y tal, por cuanto hendida estaba la roca para dar paso al que sube, fui hasta donde el giro comienza.
Al quinto círculo cuando hube salido, vi gente sobre él que estaba llorando, tendida en el suelo, toda vuelta hacia abajo. «Adhaesit pavimento anima mea», les oí decir con suspiros tan profundos, que apenas se podían entender las palabras. «Oh elegidos de Dios, cuyos padecimientos la Justicia y la Esperanza hacen menos severos, dirigidnos hacia las altas ascensiones». «Si venís seguros de esta postración, y queréis hallar el camino más rápidamente, seguid teniendo siempre vuestras manos derechas hacia afuera». Así rogó el Poeta, y así le respondieron aquellos que estaban un poco delante de nosotros; por lo que yo en lo hablado adiviné lo demás oculto, y volví mis ojos hacia los ojos de mi Señor; por lo que él asintió con un gesto alegre a lo que la visión de mi deseo imploraba.
Cuando de mí podía disponer a voluntad, por encima de aquella criatura me irguié, cuyas palabras antes me habían hecho reparar,
diciendo: «¡Oh, Espíritu, en quien madura el llanto sin el cual a Dios no podemos volver, suspende un poco por mí tu mayor cuidado!
¿Quién fuiste tú, y por qué tenéis las espaldas vueltas hacia arriba?, dímelo, y si quieres que te consiga algo allá de donde partí con vida».
Y él a mí: «Por qué el cielo sus espaldas hacia sí vuelve, sabrás; mas antes Scias quod ego fui successor Petri. Entre Siestri y Chiaveri desciende un río hermoso, y de su nombre toma el título la estirpe de mi sangre. Un mes y poco más probé cuán pesa el gran manto sobre quien del fango lo guarda; que las demás cargas parecen pluma. ¡Tardía, ay de mí!, fue mi conversión;