Me arriesgué a decirle una pequeña verdad:
“Dijiste que tenías una corazonada sobre lo que me traigo entre manos aquí en Ciudad Veneno. Entonces deberías saber que mi jugada es mantener separados a Noonan y a Whisper. Dejar que Noonan crea que Whisper mató a Tim los mantendrá separados. Pero si no quieres jugar conmigo, vamos, jugaremos con Noonan”.
—¿Quieres decir que no se lo dirás? —preguntó con entusiasmo—. ¿Lo prometes?
«No te prometo nada», dije. «¿Por qué iba a hacerlo? Te he pillado con los pantalones bajados. Habla conmigo o con Noonan. Y date prisa en decidirte. No voy a quedarme aquí toda la noche».
Tomó la decisión de hablar conmigo.
“No sé cuánto sabes, pero fue tal como dijiste, mi mujer se enamoró de Tim. Eso fue lo que me echó a la carretera. Puedes preguntarle a cualquiera si antes de eso yo no era un buen tipo. Era de esta manera: lo que ella quería, yo quería que lo tuviera. Casi siempre lo que ella quería era duro para mí. Pero no podía ser de otra manera. Habríamos estado muchísimo mejor si hubiera podido. Así que la dejé mudarse y presentar los papeles del divorcio, para que pudiera casarse con él, pensando que él tenía esa intención.
“Al poco rato empiezo a enterarme de que anda detrás de esa Myrtle Jennison. Eso no lo podía tragar. Yo le había dado su oportunidad con Helen, de manera honrada y justa.
Ahora él estaba mandando a paseo a Helen por esta tal Myrtle. Yo no iba a consentir eso. Con Helen de chiquilladas nada.
Fue por casualidad, sin embargo, tropezarme con él en el Lago aquella noche. Cuando lo vi bajar hacia aquellas casetas de verano, fui tras él. Aquello parecía un buen sitio tranquilo para aclararlo todo.