encasquetarle. Ya no parecía importar demasiado. Era seguro que él —en persona o por medio de un achichincle— se había cargado a Noonan, y solo podían colgarlo una vez.
Había muchos hombres en el corredor cuando salí de McGraw. Algunos de estos hombres eran bastante jóvenes —casi niños—, bastantes eran extranjeros y la mayoría tenía un aspecto tan duro como cualquiera debería tener.
Cerca de la puerta de la calle me encontré con Donner, uno de los policías que había estado en la expedición de Cedar Hill.
—Hola —lo saludé—. ¿Qué es esa muchedumbre? ¿Vaciando la lata para hacer sitio para más?
—Esos son nuestros nuevos refuerzos —me dijo, hablando como si no pensara gran cosa de ellos—. Vamos a tener una fuerza aumentada.
—Felicitaciones —dije y salí.
En su sala de billar encontré a Peak Murry sentado en un escritorio detrás del mostrador de puros conversando con tres hombres. Me senté al otro lado de la estancia y observé a un par de chavales golpear las bolas. A los pocos minutos, el desgarbado propietario se acercó a mí.
—Si ves a Reno algún día —le dije—, podrías avisarle de que la banda de Pete el Finlandés va a hacerse jurar como policías especiales.
—Podría ser —convino Murry.
Mickey Linehan estaba sentado en el vestíbulo cuando regresé a mi hotel. Me siguió hasta la habitación y me informó:
“Tu Dan Rolff se fugó del hospital en algún momento después de la medianoche de anoche. Los matasanos están bastante calientes con el