que pudiera hacer. Al rato, Willsson salió y caminó calle abajo. Miré hacia el coche de la señora Willsson y hacia el umbral donde sabía que estaba Thaler. Ninguno de los dos hizo nada, y Willsson se iba alejando. Supe entonces por qué los había querido allí. Había esperado que hicieran algo, y yo no tendría que hacerlo. Pero no lo hicieron, y él se iba alejando. Si uno de ellos hubiera ido y le hubiera dicho algo, o incluso lo hubiera seguido, yo no habría hecho nada».
“Pero no lo hicieron. Recuerdo haber sacado el arma del bolsillo. Todo estaba borroso ante mis ojos, como si estuviera llorando. Tal vez lo estaba. No recuerdo haber disparado—quiero decir que no recuerdo haber apuntado deliberadamente y apretado el gatillo—, pero sí recuerdo el sonido que hicieron los disparos, y que sabía que el ruido provenía del arma en mi mano. No recuerdo cómo se veía Willsson, si cayó antes de que me diera la vuelta y corriera callejón arriba, o no. Cuando llegué a casa, limpié y volví a cargar la pistola, y la puse de nuevo en la ventanilla del cajero pagador a la mañana siguiente”.