“Supongo que los dos nos habíamos tomado unas copas. En fin, discutimos de lo lindo. Cuando la cosa se puso fea para él, sacó la pistola. Era un cobarde. Se la arrebaté, y en el forcejeo se disparó. Lo juro por Dios que no le disparé más que así. Se disparó mientras los dos teníamos las manos puestas en ella. Me metí a escondidas entre unos arbustos. Pero cuando llegué a los arbustos pude oírlo gemir y hablar. Venía gente: una chica que bajaba corriendo del hotel, esa Myrtle Jennison.
“Quería volver y oír lo que Tim estaba diciendo, para saber a qué atenerme, pero me daba recelo ser el primero en llegar. Así que tuve que esperar a que la chica llegara hasta él, escuchando todo el tiempo sus graznidos, pero demasiado lejos como para entenderlos. Cuando ella llegó a su lado, corrí y llegué justito cuando él moría intentando decir mi nombre.
“No pensé en que ese fuera el nombre de Whisper hasta que me propuso lo de la nota de suicidio, los doscientos y la piedra. Yo solo había estado dando largas, fingiendo que preparaba el trabajo —en aquel entonces estaba en el cuerpo— y tratando de averiguar dónde estaba parado. Entonces ella hace su jugada y sé que estoy en una posición inmejorable. Y así fue la cosa hasta que usted empezó a remover el asunto otra vez”.
Arrastró los pies arriba y abajo por el barro y añadió:
“La semana que entra a mi esposa la mataron; un accidente. Ajá, un accidente. Metió el Ford justo enfrente del número 6, donde este baja por la larga pendiente desde Tanner, y lo paró allí”.
—¿Está Mock Lake en este condado? —pregunté.
“No, en el condado de Boulder”.
“Eso está fuera del territorio de Noonan. ¿Y si te llevo hasta allí y te entrego al sheriff?”