F. King. Quédate con el trabajo y avísame cuándo sea prudente volver a usar mi propio nombre o hacer un viaje a Honduras”.
Pasé la mayor parte de mi semana en Ogden intentando arreglar mis informes para que no pareciera que había roto tantas normas de la Agencia, leyes estatales y huesos humanos como lo había hecho.
Mickey llegó la sexta noche.
Me dijo que Reno había muerto, que yo ya no era oficialmente un criminal, que la mayor parte del botín del atraco al First National Bank había sido recuperada, que MacSwain había confesado haber matado a Tim Noonan, y que Personville, bajo la ley marcial, se estaba convirtiendo en un lecho de rosas aromático y sin espinas.
Mickey y yo regresamos a San Francisco.
Bien habría podido ahorrarme el esfuerzo y el sudor que había invertido en intentar que mis informes fueran inofensivos. No engañaron al Viejo. Me puso verde.