Aferrado a eso, te quedás dormido, tan en paz como ella. Lo veo entonces, lo que he hizo. ¡Pero carajo!, ya estiró la pata. No hay nada que hacer al respecto. Apago las luces y me voy a casa. Cuando vos…”
Una tripulación de ambulancia con aspecto cansado —Poisonville les daba mucho trabajo— trajo una camilla a la habitación, poniendo fin al relato de Reno. Me alegré de ello. Tenía toda la información que quería, y estar sentado allí escuchándolo y viéndolo hablarse hasta la muerte no era agradable.
Llevé a Mickey a un rincón de la habitación y lemurmuré al oído:
“El trabajo es tuyo desde este momento. Voy a desaparecer. Debería estar fuera de peligro, pero conozco demasiado bien mi Ciudad Veneno como para correr riesgos. Llevaré tu auto hasta alguna estación intermedia donde pueda tomar un tren a Ogden. Estaré en el Hotel Roosevelt de allí, registrado como P.