Mr. Charles Proctor Dawn
Estaba medio vestido a la mañana siguiente cuando entró Dick Foley. Informó, a su manera ahorradora de palabras, que Bill Quint se había marchado del Hotel Miners al mediodía del día anterior, sin dejar dirección de reenvío.
Un tren salió de Personville con destino a Ogden a las doce y treinta y cinco. Dick había enviado un telegrama a la sucursal de la Continental en Salt Lake para que mandaran a un hombre a Ogden a tratar de seguirle la pista a Quint.
—No podemos desaprovechar ninguna pista —dije—, pero no creo que Quint sea el hombre que buscamos. Ella lo mandó a paseo hace mucho tiempo. Si hubiera tenido la intención de hacer algo al respecto, lo habría hecho antes de esto. Supongo que, cuando se enteró de que la habían asesinado, decidió esfumarse por ser un amante descartado que la había amenazado.
Dick asintió y dijo:
«Tiroteo por la carretera anoche. Asalto. Cuatro camiones de alcohol interceptados, quemados».
Eso sonaba a la respuesta de Reno Starkey ante la noticia de que a la banda del gran contrabandista la habían juramentado como policías especiales.
Mickey Linehan llegó para cuando hube terminado de vestirme.
«Dan Rolff estuvo en la casa, sí —informó—. El tendero griego de la esquina lo vio salir hacia las nueve de la mañana de ayer. Se fue calle abajo