muchos siervos y criados de la extensa hacienda de Cedric, ya había llegado con el propósito de colaborar en su rescate. Pocos de ellos estaban armados con otra cosa que no fuesen aquellas armas rústicas que la necesidad convierte a veces en instrumentos militares. > Jabalinas, guadañas, ales de trillar y cosas por el estilo eran sus armas principales; pues los normandos, con la política habitual de los conquistadores, recelaban de permitir a los sajones vencidos la posesión o el uso de espadas y lanzas. Estas circunstancias hacían que la ayuda de los sajones distara mucho de ser tan formidable para los sitiados como la fuerza de los hombres mismos, su número superior y el entusiasmo inspirado por una causa justa habrían podido hacerla de otro modo. Fue a los líderes de este ejército heterogéneo a quienes se entregó ahora la carta del
Se recurrió primero al capellán para que diera una explicación de su contenido.
—Por el báculo de san Dunstan —dijo aquel digno eclesiástico—, el cual ha atraído más ovejas al redil que el báculo de cualquier otro santo del Paraíso, juro que no puedo explicaros esta jerga que, ya sea francés o árabe, supera mi entendimiento.
Luego le entregó la carta a Gurth, quien negó con la cabeza con brusquedad, y se la pasó a Wamba. El bufón miró cada una de las cuatro esquinas del papel con una mueca de falsa inteligencia como la que suele poner un mono en ocasiones similares, dio luego un salto acrobático y le entregó la carta a Locksley.
—Si las letras largas fuesen arcos, y las cortas saetas anchas, tal vez entendería algo del asunto —dijo el valiente