—Y aquí está el mío a cambio —dijo el Caballero—, y tengo por un honor que se una al vuestro. Pues quien hace el bien, teniendo el poder ilimitado de hacer el mal, merece alabanza no solo por el bien que realiza, sino por el mal que se abtiene de hacer. ¡Que os vaya bien, valiente Forajido!
Así se separó aquella noble compañía; y el del Candado en Grillete, montando en su fuerte corcel de guerra, se alejó galopando a través del bosque.