pagar por caminar por Watling-street sin llevar cincuenta hombres a mis espaldas?
—¿No sería mejor —dijo el teniente de la banda, apartándose hacia el capitán— que el Prior nombrara el rescate del judío y el judío el del Prior?
—Eres un loco bellaco —dijo el capitán—, ¡pero tu plan es magnífico! —Ven aquí, judío, acércate. Mira a ese santo padre Aymer, prior de la rica abadía de Jorvaulx, y dinos en cuánto deberíamos fijar su rescate. Bien sé yo que conoces los ingresos de su convento.
—Oh, ciertamente —dijo Isaac—, he comerciado con los buenos padres, y he comprado trigo y cebada, y frutos de la tierra, y también mucha lana. Oh, es una abadía rica, y viven de lo mejor y beben los vinos dulces asentados, estos buenos padres de Jorvaulx. Ah, si un proscrito como yo tuviera un hogar así adonde ir, y tales entradas al año y al mes, pagaría mucho oro y plata para redimir mi cautiverio.