Hecho esto, el leal Cedric se apresuró en busca de su amigo Athelstane, decidido, a riesgo de su propia vida, a salvar a aquel último retoño de la realeza sajona. Pero antes de que Cedric penetrara hasta el viejo salón en el que él mismo había estado prisionero, el ingenio inventivo de Wamba había conseguido la liberación para sí mismo y para su compañero de infortunio.
Cuando el ruido del combate anunció que este se hallaba en su punto más álgido, el Bufón comenzó a gritar con toda la fuerza de sus pulmones: «¡San Jorge y el dragón! ¡Hermoso San Jorge por la alegre Inglaterra! ¡El castillo está ganado!». Y tornó estos sonidos aún más temibles al entrechocar dos o tres piezas de armadura mohosa que yacían esparcidas por el salón.
Un guardia, que había sido apostado en el exterior o antecámara, y cuyos ánimos ya se encontraban en estado de alarma, se asustó por el clamor de Wamba y, dejando la puerta abierta a sus espaldas, corrió a decirle al Templario que unos enemigos habían entrado en el viejo