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nydus/IvanhoePublic
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XLI

¡Loores al noble señorío, que no es más feliz, aunque es más alto que el mío! Vengan a ver nuestro jolgorio bajo cada árbol verde y umbrío, que en este alegre bosque son bienvenidos, os lo confío.

Los recién llegados eran Wilfredo de Ivanhoe, sobre el caballo del prior de Botolph, y Gurth, que lo acompañaba, montado en el propio corcel de guerra del caballero.

El asombro de Ivanhoe no tuvo límites cuando vio a su amo salpicado de sangre y a seis o siete cadáveres esparcidos por el pequeño claro en el que había tenido lugar la batalla.

No fue menor su sorpresa al ver a Ricardo rodeado de tantos servidores silvanos, que parecían ser los bandidos del bosque y constituían, por tanto, una comitiva peligrosa para un príncipe. Dudó si dirigirse al Rey como el Caballero Negro andante, o de qué otra manera comportarse ante él. Ricardo vio su desconcierto.

—No temas, Wilfredo —dijo—, dirigirte a Ricardo Plantagenet como tal, puesto que lo ves en compañía de corazones verdaderamente ingleses, aunque sea posible que hayan sido impulsados unos cuantos pasos hacia un lado por la cálida sangre inglesa.

—Sir Wilfred de Ivanhoe —dijo el valiente Forajido, dando un paso al frente—, mis seguridades nada pueden añadir a las de nuestro soberano; con todo, permítaseme decir, con cierto orgullo, que, de entre los hombres que mucho han sufrido, no tiene súbditos más leales que los que ahora le rodean.

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