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nydus/To the LighthousePublic
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XVII

Pero la cena había terminado. Era hora de irse. Solo estaban jugando con las cosas en sus platos. Esperaría a que terminaran de reírse de alguna historia que contaba su marido. Él estaba bromeando con Minta sobre una apuesta. Entonces se levantaría.

Le gustaba Charles Tansley, pensó de repente; le gustaba su risa. Le gustaba que estuviera tan enfadado con Paul y Minta. Le gustaba su torpeza. Después de todo, había mucho en aquel joven.

Y Lily, pensó, colocando la servilleta junto al plato, siempre tiene alguna broma propia. Jamás hay que preocuparse por Lily.

Esperó. Metió la servilleta bajo el borde del plato. Bien, ¿habían terminado ya?

No. Aquella historia había llevado a otra historia. Su marido estaba de muy buen humor esa noche y, deseando, supuso, reconciliarse con el viejo Augustus tras aquella escena de la sopa, lo había integrado en la charla; estaban contando historias sobre alguien a quien ambos habían conocido en la universidad.

Miró la ventana en la que las llamas de las velas brillaban con más intensidad ahora que los cristales estaban negros, y, al mirar hacia afuera, las voces le llegaron de un modo muy extrañó, como si fueran voces en el oficio de una catedral, pues no prestaba atención a las palabras. Los repentinos estallidos de risa y luego una sola voz (la de Minta) hablando sola, le recordaron a hombres y muchachos exclamando las palabras en latín de un servicio en alguna catedral católica romana.

Esperó. Su marido habló. Estaba repitiendo algo, y ella supo que era poesía por el ritmo y el tono de exaltación y melancolía en su voz:

Come out and climb the garden path, Luriana Lurilee. The China rose is all abloom and buzzing with the yellow bee.

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