—Pero yo bajo un mar más tempestuoso —murmuró el señor Ramsay. Había encontrado la casa y al verla así, se había visto también a sí mismo en ella; se había visto caminando por la terraza, solo. Paseaba de un lado a otro entre las urnas; y se parecía a sí mismo muy viejo y encorvado. Sentado en la barca, se encorvó, se encogió, representando al instante su papel —el papel de un hombre desolado, enviudado, despojado—; y así convocó ante sí a multitudes de personas compadecidas de él; montó para sí mismo, mientras estaba sentado en la barca, un pequeño drama; que le exigía decrepitud, agotamiento y dolor (alzó las manos y contempló su delgadez para confirmar su ensoñación) y entonces se le concedió en abundancia la compasión de las mujeres, e imaginó cómo lo consolarían y se compadecerían de él, y obteniendo así en su sueño cierto reflejo del exquisito placer que la compasión de las mujeres representaba para él, suspiró y dijo con suavidad y melancolía,
But I beneath a rougher sea Was whelmed in deeper gulfs than he, de modo que las melancólicas palabras fueron escuchadas con toda claridad por todos ellos.
Cam se incorporó a medias en su asiento. Aquello la sacudió, la indignó. El movimiento despertó a su padre, quien se estremeció e interrumpió su relato, exclamando: «¡Mirad! ¡Mirad!» con tanta urgencia que James también volvió la cabeza para mirar por encima del hombro hacia la isla. Todos miraron. Miraron hacia la isla.
Pero Cam no podía ver nada. Estaba pensando en cómo todos aquellos senderos y el césped, espesos y enmarañados con las vidas que habían vivido allí, habían desaparecido: se habían borrado; eran cosa del pasado;