Cualquier cosa, cualquier cosa, pensó, continuando con su labor de punto. Cualquier cosa servirá.
—Qué bonito sería casarse con un hombre que guarde el reloj en una bolsita de ante —dijo ella, porque esa era la clase de bromas que solían hacer juntos.
Él soltó un bufido. Sentía respecto a este compromiso lo que sentía siempre respecto a cualquier compromiso; la muchacha es mucho demasiado buena para ese joven.
Lentamente se le metió en la cabeza: ¿por qué es entonces que uno quiere que la gente se case? ¿Cuál era el valor, el significado de las cosas? (Cada palabra que dijeran ahora sería verdad).
Di algo, pensó, deseando únicamente oír su voz. Pues la sombra, la cosa que los envolvía empezaba, sintió, a cerrarse de nuevo en torno a ella. Di cualquier cosa, suplicó, mirándolo, como en busca de ayuda.