Rápido, como si algo allí la llamara, se volvió hacia su lienzo. Ahí estaba: su cuadro. Sí, con todos sus verdes y azules, sus líneas que corrían hacia arriba y a lo ancho, su intento de algo. Lo colgarían en los desvanes, pensó; lo destruirían. Pero ¿qué importaba eso?, se preguntó, tomando de nuevo el pincel. Miró los escalones; estaban vacíos; miró su lienzo; estaba borroso. Con una intensidad repentina, como si lo viera claro por un segundo, trazó una línea allí, en el centro. Estaba hecho; estaba acabado. Sí, pensó, dejando el pincel con extrema fatiga, he tenido mi visión.
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XIII
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