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nydus/To the LighthousePublic
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V

Alabado sea el cielo por ello, el problema del espacio persistía, pensó, volviendo a coger el pincel. La miraba fijamente. Toda la masa del cuadro descansaba sobre ese peso. Bello y luminoso debía ser en la superficie, ligero y efimero, fundiéndose un color con otro como los colores en el ala de una mariposa; pero bajo la estructura debía estar firmemente sujeto con pernos de hierro. Tenía que ser algo que pudiera agitarse con el aliento; y algo que no pudiera desalojarse con un tiro de caballos. Y empezó a aplicar un rojo, un gris, y comenzó a abrirse camino modelando en aquella hondonada. Al mismo tiempo le parecía estar sentada junto a la señora Ramsay en la playa.

—¿Es un barco? ¿Es un tonel? —dijo la señora Ramsay.

Y empezó a buscar a tientas sus gafas. Y se sentó, tras haberlas encontrado, en silencio, mirando al mar.

Y Lily, pintando sin pausa, sintió como si se hubiera abierto una puerta, y uno entrara y se quedara mirando en silencio a su alrededor en un lugar alto parecido a una catedral, muy oscuro, muy solemne.

Llegaban gritos de un mundo muy lejano. Los vapores se desvanecían en penachos de humo en el horizonte. Charles tiraba piedras y las hacía saltar sobre el agua.

La señora Ramsay se quedó callada. Se alegraba, pensó Lily, de descansar en silencio, incomunicada; de descansar en la extrema oscuridad de las relaciones humanas. ¿Quién sabe lo quién somos, lo que sentimos? ¿Quién sabe, ni siquiera en el momento de la intimidad, Esto es conocimiento? ¿No se estropean las cosas entonces, se habría preguntado la señora Ramsay (parecía haber ocurrido tantas veces, este silencio a su lado), al

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