importaba; desprenderla; separarla; limpiarla de todas las emociones y cabos sueltos de las cosas, y así tenerla ante sí, y llevarla al tribunal donde, dispuestos en cónclave, se sentaban los jueces que ella había instituido para decidir estas cosas. * ¿Es bueno, es malo, es correcto o incorrecto? * ¿Hacia dónde vamos? y
Así que se enderezó tras la conmoción del suceso y, de manera muy inconsciente e incongruente, se sirvió de las ramas de los olmos de afuera para recuperar la estabilidad.
Su mundo estaba cambiando: ellos seguían inmutables. El suceso le había dado una sensación de movimiento. Todo debía estar en orden. Debía arreglar esto y aquello, pensaba, aprobando imperceptiblemente la dignidad de la quietud de los árboles, y ahora de nuevo el soberbio ascenso (como el tajamar de un barco al subir una ola) de las ramas del olmo a medida que el viento las alzaba.
Porque hacía viento (se detuvo un momento a mirar afuera). Hacía viento, de modo que las hojas de vez en cuando dejaban ver una estrella al rozarse, y las estrellas mismas parecían temblar y lanzar destellos, tratando de brillar entre los bordes de las hojas.
Sí, eso se hizo entonces, se consumó; y como todo lo hecho, se volvió solemne. Ahora, al pensarlo, libre de charlas y emociones, parecía haber sido siempre, solo que ahora se mostraba, y al mostrarse así, golpeaba todo hasta dejarlo en estabilidad. Volverían, pensó, reanudando la marcha, por mucho que vivieran, a esta noche; a esta luna; a este viento; a esta casa: y a ella también.