tanto alboroto por eso? Naturalmente los hombres se ahogan en una tormenta, pero es un asunto de lo más sencillo, y las profundidades del mar (esparció sobre ellas las migas del papel de su emparedado) no son más que agua después de todo. > > Luego, tras encender su pipa, sacó el reloj. Lo miró atentamente; hizo, tal vez, algún cálculo matemático. Por
«¡Bien hecho!» James los había guiado como un marinero nato.
¡Ya está!, pensó Cam, dirigiéndose en silencio a James. Por fin lo has conseguido. Pues sabía que era eso lo que James había estado deseando, y sabía que ahora que lo había conseguido estaba tan contento que no la miraba ni a ella, ni a su padre, ni a nadie.
Allí estaba sentado con la mano en la caña del timón, sentado de lo más derecho, con aspecto más bien huraño y el entrecejo ligeramente fruncido. Estaba tan contento que no iba a permitir que nadie le arrebatara ni un ápice de su placer. Su padre lo había alabado. Tenían que pensar que le era totalmente indiferente.
Pero ya lo tienes, pensó Cam.
Habían dado un viraje y navegaban con rapidez y ligereza sobre largas olas oscilantes que se los pasaban de una a otra con un brío y una euforia extraordinarios junto al arrecife. A la izquierda, una hilera de rocas se veía de color marrón a través del agua, que se hacía más poco profunda y más verde; y sobre una de ellas, una roca más alta, una ola rompía incesantemente y arrojaba una pequeña columna de gotas que caían en chaparrón. Se podía oír el chapoteo del agua y el repiqueteo de las gotas al caer, y una especie de murmullo y siseo de las olas al rodar, retozar y golpear las rocas