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nydus/To the LighthousePublic
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XII

el agua? ¿Durarían las provisiones?, se preguntaba, contándose una historia pero sabiendo al mismo tiempo cuál era la verdad.

Pronto saldrían de aquello, le iba diciendo el señor Ramsay al viejo Macalister; pero sus hijos verían cosas extrañas. Macalister dijo que había cumplido setenta y cinco el pasado mes de marzo; el señor Ramsay tenía setenta y uno. Macalister dijo que jamás había visto a un médico; jamás había perdido un diente. Y así es como le gustaría que vivieran sus hijos —a Cam le constaba que su padre pensaba eso, pues le impidió tirar un sándwich al mar y le indicó, como si estuviera pensando en los pescadores y en cómo viven, que si no lo quería debía devolverlo al envoltorio. No debía desperdiciarlo. Lo dijo con tanta sensatez, como si conociera a la perfección todas las cosas que sucedían en el mundo, que ella lo devolvió al instante, y entonces él le dio, de su propio envoltorio, una rosquilla de jengibre, como si fuera un gran caballero español, pensó ella, entregándole una flor a una dama en una ventana (tan cortés era su modales). Pero iba desaliñado y sencillo, comiendo pan y queso; y sin embargo los conducía en una gran expedición en la que, por lo que ella sabía, se ahogarían.

—Ahí fue donde se hundió —dijo de repente el muchacho de Macalister.

—Tres hombres se ahogaron justo donde estamos ahora —dijo el viejo. Él mismo los había visto aferrados al mástil. Y el señor Ramsay, al echar un vistazo al lugar, estuvo a punto, según temían James y Cam, de prorrumpir:

Pero yo bajo un mar más bravo, y si él lo hiciera, ellos no podrían soportarlo; darían gritos desgarradores; no podrían resistir otra explosión de la pasión que bullía en él; pero para su sorpresa todo lo que dijo fue «Ah», como si pensara para sus adentros: ¿Pero por qué armar

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