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nydus/To the LighthousePublic
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V. La ventana

debió de haber junto al tajo de lavar, digamos que con sus hijos (aunque dos habían sido ilegítimos y uno la había abandonado), en la taberna, bebiendo; revolviendo retazos en sus cajones. Alguna brecha en la oscuridad debió de haber habido, algún cauce en las profundidades de la penumbra a través del cual brotara la luz suficiente para retorcer su rostro con una mueca ante el espejo y hacerla, volviendo a su tarea de nuevo, tararear entre dientes la vieja canción de music-hall.

Mientras tanto, el místico, el visionario, recorría la playa, removía un charco, miraba una piedra y se preguntaba: «¿Qué soy yo?», «¿Qué es esto?», y de pronto se les concedía una respuesta (lo que era no sabían decirlo): de modo que entraban en calor en la escarcha y hallaban consuelo en el desierto.

Pero la señora McNab seguía bebiendo y charlando como antes.

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