Codal
nydus/WielandPublic
Página 200 de 334
Table of Contents

XV

¿Qué fue lo que me inclinó? Me sentí despojado del poder de actuar en contra de los motivos que me determinaban a buscar su presencia.

Mi mente parecía dividida en partes separadas, y estas partes habían entrado en una furiosa e implacable contienda. Estos tumultos amainaron gradualmente.

Las razones por las cuales debía confiar en aquella intervención que hasta entonces me había defendido; en aquellas muestras de compunción que esta carta contenía; en la eficacia de esta entrevista para devolverle la inmaculada pureza a mi carácter y desterrar todas las ilusiones de la mente de mi amigo, adquirieron continuamente nueva evidencia y nueva fuerza.

¿Qué debía temer en su presencia? Aquello no era semejante a un ardid destinado a entregarme en sus manos. Si hubiera sido un ardid, ¿qué propósito habría servido? La libertad de mi mente permanecía intacta, y esa libertad desafiaría los asaltos de los halagos o la magia.

La fuerza no me era posible repelerla. En la ocasión anterior mi valor, es verdad, había flaqueado ante la inminente proximidad del peligro; pero entonces no había gozado de oportunidades para la deliberación; no había previsto nada; me hallaba sumido en la imbecilidad por mis pensamientos previos; había sido víctima de recientes desengaños y males anticipados: atestígüese mi insensatez al abrir el armario en oposición a los mandatos divinos.

Ahora, tal vez, mi valor era el fruto de un principio no menos erróneo. Pleyel estaba para siempre perdido para mí.

Me esforcé en vano por asumir su persona y reprimir mi resentimiento; me esforcé en vano por creer en la influencia mitigadora del tiempo, por mirar hacia el nacimiento de nuevas esperanzas y la re-exaltación de aquel astro de cuyas fulgencias había participado tan prolongada y generosamente.

200