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de hacer; si no ven que mi acción fue ordenada por el cielo; que la obediencia era la prueba de la virtud perfecta, y la extinción del egoísmo y el error, deben declararme un asesino. > «Rechazan dar crédito a mi historia; atribuyen mis actos a la influencia de los demonios; me consideran un ejemplo de la mayor maldad de la que es capaz la naturaleza humana; me condenan a muerte y a la ignominia. ¿Tengo el poder de escapar de este mal? Si lo tengo, ten por seguro que lo ejerceré. No aceptaré el mal de sus manos, cuando tengo derecho al bien; sufriré únicamente cuando no pueda eludir el sufrimiento. > «Vosotros decís que soy culpable. ¡Imíos y temerarios! ¡Usurpar así las prerrogativas de vuestro Creador! ¡Erigir vuestros limitados puntos de vista y vuestra cojeante razón como la medida de la verdad! > «¡Tú, Omnipotente y Santo! Tú sabes que mis acciones se ajustaron a tu voluntad. Yo no sé qué es el crimen; qué acciones son malas en su tendencia última y global, o cuáles son buenas. Tu conocimiento, al igual que tu poder, es ilimitado. Te he tomado por mi guía, y no puedo errar. A los brazos de tu protección confío mi seguridad. En los fallos de tu justicia confío para mi recompensa. > «Venga la muerte cuando viniere, estoy a salvo. Que la calumnia y la abominación me persigan entre los hombres; no seré defraudado en lo que me corresponde. La paz de la virtud y la gloria de la obediencia serán mi

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