«¿Deseas que complete el catálogo con tu muerte? Tu vida es una cosa sin valor. No me tientes más. No soy más que un hombre, y tu presencia puede despertar una furia capaz de desafiar mi control.
Carwin, irresoluto, esforzándose en vano por articular palabra, con el rostro pálido como la muerte, las rodillas temblando una contra otra, obedeció lentamente la orden y se retiró.