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Capítulo V

Esta mujer había muerto ya. La confirmación de la noticia, de ser cierta, llegaría pronto. ¿Debía desaprobarse o desearse tal confirmación?

Por su muerte, el lazo que lo unía a Europa quedaba roto. En adelante, todos los motivos se confabularían para retenerlo en su país natal, y nos librábamos de los profundos pesares que habrían acompañado su desesperanzada ausencia de nuestro lado.

Propicio era el espíritu que comunicaba estas nuevas. Propicio habría sido tal vez de haber contribuido a producir, además de a comunicar, la noticia de su muerte.

Propicio para nosotros, los amigos de Pleyel, a quienes se nos había asegurado de este modo el disfrute de su compañía; y no imprópico para él mismo; pues aunque este objeto de su amor le haya sido arrebatado, ¿no hay acaso otra que sea capaz y esté dispuesta a consolarlo por su pérdida?

Veinte días después de esto, llegó otra embarcación del mismo puerto. En este intervalo, Pleyel, en su mayor

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