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Capítulo V

parte, se distanció de sus antiguos compañeros. Se había convertido en presa de un dolor sombrío e insociable. Sus paseos se limitaban a la orilla del Delaware. Esta orilla es artificial. Los juncos y el río están a un lado, y un pantano cenagoso al otro, en aquella parte que limitaba con sus tierras, y que se extendía desde la desembocadura del arroyo de Hollander hasta la del Schuylkill. No se puede imaginar un escenario menos atractivo para un amante de lo pintoresco que este. La orilla está afeada por el lodo y poblada por un bosque de juncos. Los campos, en la mayoría de las estaciones, son un lodazal; pero cuando ofrecen un firme apoyo, las zanjas que los delimitan y cruzan están cubiertas de un verdor estancado y emiten las exhalaciones más nocivas. La salud es tan ajena a estos parajes como el placer. La primavera y el otoño van inexorablemente acompañados de tercianas y fiebres biliares remitentes.

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