casos. Cualquiera que fuese la suposición que adoptara, ¿no tenía igual motivo para temblar? ¿Cuál era mi seguridad contra influencias igualmente terroríficas e irresistibles?
Sería en vano intentar describir el estado de ánimo que esta idea produjo.
Me maravillaba del cambio que un momento había obrado en la condición de mi hermano. Ahora me hallaba estupefacto con diez veces más asombro al contemplarme a mí mismo.
¿No había sido yo asimismo transformado de un ser racional y humano en una criatura de atributos innombrables y temibles? ¿No había sido transportado al borde del mismo abismo?
Antes de que un nuevo día llegara, mis manos podrían estar manchadas de sangre, y el resto de mi vida destinado a un calabozo y a las cadenas.