Esta opinión se esmeró mi tío en inculcarme por diversos medios. Escuché sus razonamientos e ilustraciones con silencioso respeto. Grande fue mi asombro al hallar pruebas de una influencia de la cual había supuesto que no existían ejemplos; pero distaba mucho de explicar las apariencias del modo en que lo hacía mi tío. Las ideas se agolparon en mi mente sin que pudiera separarlas ni regularlas. Reflexioné que esta locura, si locura era, había afectado a Pleyel y a mí tanto como a Wieland. Pleyel había escuchado una voz misteriosa. Yo había visto y oído. Una forma se me había aparecido lo mismo que a Wieland. La revelación se había producido en el mismo lugar. La aparición fue igualmente completa y prodigiosa en ambos
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