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nydus/WielandPublic
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IV

Este relato era un copioso tema de especulación. Mil preguntas se plantearon y discutieron en nuestro círculo doméstico respecto a los motivos que influyeron en la señora Stuart para abandonar su país.

No parecía que su proceder fuera involuntario. Recordamos y repasamos cada detalle que había caído bajo nuestra propia observación. Ninguno de ellos nos proporcionó una pista. Su conducta, tras el más riguroso escrutinio, seguía siendo un secreto impenetrable.

De más cerca, el mayor Stuart demostró ser un hombre de carácter de lo más amable. Su cariño hacia Louisa parecía aumentar por momentos. Ella no era ajena a los sentimientos propios de su nueva condición. No pudo menos que aceptar con agrado el plan que se le propuso de regresar con su padre a Inglaterra.

Este plan, sin embargo, su afecto hacia ella le indujo a posponerlo. Se requería algún tiempo para prepararla para un cambio tan grande y permitirle pensar sin agonía en su separación de nosotros.

No carecía yo de esperanzas de persuadir a su padre de que abandonara por completo este desagraciado propósito.

Mientras tanto, él continuó sus viajes por las colonias del sur, y su hija se quedó con nosotros. Luisa y mi hermano recibían con frecuencia cartas suyas, las cuales revelaban una mente de no común inteligencia. Estaban llenas de entretenidos detalles y profundas reflexiones.

Mientras estuvo aquí, participó a menudo en nuestras conversaciones vespertinas en el templete; y, desde su marcha, su correspondencia nos había proporcionado con frecuencia temas de conversación.

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