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XXI

«El fantasma que lo ha impulsado al asesinato de Catharine y de sus hijos aún no se ha apaciguado. Tu vida, y la de Pleyel, le son exigidas por este ser imaginario. Él está ansioso por cumplir con esta demanda. Dos veces ha escapado de su prisión. La primera, no bien se halló en libertad, se apresuró a ir a la casa de Pleyel. Como era la medianoche, este último estaba en la cama. Wieland penetró sin ser visto en su alcoba y abrió las cortinas. Por fortuna, Pleyel se despertó en el momento crítico y escapó de la furia de su pariente saltando por la ventana de su habitación hacia el patio. Por fortuna, llegó al suelo sin sufrir daños. Se dio la alarma y, tras una búsqueda diligente, tu hermano fue hallado en una estancia de tu casa, adonde, sin duda, había ido en tu busca. Sus cadenas y la vigilancia de sus guardias fueron redobladas; pero de nuevo, por algún milagro, recuperó la libertad. Ahora se le había informado imprudentemente del lugar de tu morada; y si no se hubiera dado aviso inmediato de su fuga, tu muerte se habría sumado al número de sus atroces actos».

—Ahora ves el peligro de tu proyecto. No solo debes abstenerse de visitarlo, sino que, si quieres salvarlo del crimen de mancharse las manos con tu sangre, debes abandonar el país. No hay esperanza de que su enfermedad termine sino con su vida, y ninguna precaución garantizará tu seguridad, excepto la de poner el océano de por medio.

“Confieso que vine con la intención de residir entre vosotros, pero estos desastres han cambiado mis planes. Vuestra propia seguridad y mi felicidad exigen que me acompañéis en mi regreso, y os ruego que aprobéis con agrado esta medida”.

Después de estas representaciones de mi tío, me fue imposible mantener mi propósito. Accedí de buen grado a abstenerme de la presencia de Wieland. Asimismo, consentí la propuesta de marchar a Europa; no porque esperara llegar allí jamás, sino porque, ya que mis principios me prohibían atentar contra mi propia vida, el cambio contribuía en algo a hacer soportables los pocos días que la enfermedad me concediera.

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