¿Cuándo y dónde se habían conocido? ¿Qué sabía él de la vida y el carácter de este hombre?
En respuesta a mis preguntas, me informó de que, tres años antes, había sido viajero en España. Había hecho una excursión desde Valencia a Murviedro, con el propósito de inspeccionar los restos de magnificencia romana dispersos por los alrededores de dicha ciudad.
Mientras recorría el solar del teatro de la antigua Sagunto, dio con este hombre, sentado sobre una piedra y profundamente ocupado en la lectura de la obra del diácono Martí.
Siguió una breve conversación, la cual demostró que el extranjero era inglés. Regresaron juntos a Valencia.
Su atuendo, aspecto y porte eran enteramente españoles. Una residencia de tres años en el país, una atención infatigable al idioma y una estudiosa conformidad con las costumbres de la gente lo habían vuelto indistinguible de un nativo, cuando decidía asumir ese papel.
Pleyel descubrió que estaba relacionado, en pie de amistad y respeto, con muchos comerciantes eminentes de esa ciudad. Había abrazado la religión católica, adoptado un nombre español en lugar del suyo, que era Carwin, y se había entregado a la literatura y la religión de su nuevo país. No ejercía ninguna profesión, sino que subsistía de remesas procedentes de Inglaterra.
Mientras Pleyel permaneció en Valencia, Carwin no mostró ninguna repugnancia al trato, y aquel halló no pocos atractivos en la compañía de este nuevo conocido. Sobre temas generales era sumamente inteligente y comunicativo. Había visitado todos los rincones de España y podía proporcionar los más precisos detalles respecto a su estado antiguo y actual.