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nydus/WielandPublic
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XXI

Por el momento, consideré que no era en absoluto seguro si Wieland era un maníaco, un fiel servidor de su Dios, la víctima de infernales ilusiones o el incauto de una impostura humana.

En este estado de ánimo, me correspondía guardar silencio durante la visita que proyectaba. Esta visita debía ser breve: me conformaría con echarle simplemente una mirada.

Aun admitiendo que no fuera de desear un cambio en sus opiniones, no existía el peligro, debido a la conducta que pensaba seguir, de que tal cambio pudiera provocarse.

Pero no pude vencer la aversión de mi tío a este plan. Sin embargo, insistí, y él descubrió que, para lograr que yo renunciara a él voluntariamente, era necesario ser más explícito de lo que había sido hasta entonces.

Tomó mis manos y, examinando mi rostro con ansiedad mientras hablaba: «Clara —dijo—, no se debe hacer esta visita. Debemos apresurarnos con la mayor rapidez a alejarnos de esta costa. Es una locura ocultarte la verdad y, puesto que solo revelándola podrás ser persuadida de abandonar este proyecto, la verdad será dicha».

—¡Oh, querida mía! —continuó con creciente energía en el acento—, el delirio de tu hermano es, en verdad, asombroso y espantoso. El alma que antes animaba su cuerpo ha desaparecido. Subsiste la misma forma; pero el sabio y benevolente Wieland ya no existe. Una furia ávida de sangre, que eleva sus fuerzas casi por encima de las de los mortales, que encamina todas sus energías a la destrucción de cuanto le fue alguna vez querido, lo posee por completo.

—No debéis entrar en su mazmorra; no bien fije sus ojos en vos, cuando hará un despliegue de su fuerza. Se sacudirá las cadenas en un instante y se abalanzará sobre vos. Ninguna interposición será entonces lo suficientemente fuerte o rápida como para salvaros.

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