con su gratitud. No había rostro que se frunciera a mi llegada, ni labios que pronosticaran imprecaciones en mi presencia. Por el contrario, no había nadie, sobre cuya suerte hubiera ejercido alguna influencia, o por quien fuera conocido de fama, que no me saludara con sonrisas y me despidiera con muestras de veneración; sin embargo, ¿no me aseguraban mis sentidos que se urdía un complot contra mi vida?
No carezco de valor. Me he mostrado reflexivo y tranquilo en medio del peligro. He arriesgado mi propia vida para salvar la de otro, pero ahora me sentía confundido y aterrorizado.
No he vivido de modo que deba temer a la muerte, pero perecer a manos de un golpe invisible y secreto, ser descuartizado por el cuchillo de un asesino era un pensamiento que me hacía estremecer; ¿qué había hecho yo para merecer convertirme en víctima de pasiones malignas?
¡Pero alto! ¿No se me aseguró que mi vida estaba a salvo en todas partes menos en una? ¿Y por qué la traición se limitaba a surtir efecto en este lugar? Yo estaba en todas partes igualmente indefenso. Mi casa y mi aposento eran, en todo momento, accesibles. ¡El peligro seguía pendiendo sobre mí; el propósito sangriento aún se abrigaba, pero la mano que había de ejecutarlo era impotente en todas partes menos en una!
Aquí había permanecido durante las últimas cuatro o cinco horas, sin medios de resistencia o defensa, y sin embargo no había sido atacado.
Un ser humano estaba cerca, consciente de mi presencia, y me advirtió que en adelante evitara este refugio. Su voz no era totalmente nueva, ¿pero acaso no la había escuchado más que una sola vez antes?
Pero ¿por qué me prohibió relatar este incidente a otros, y qué clase de muerte se me impondrá si desobedezco?