Los tablones para la nueva nave, que pronto comencé a colocar, eran de pino de Georgia de una pulgada y media de espesor. La operación de colocarlos fue tediosa, pero, una vez puestos, el calafateo resultó sencillo. Los bordes exteriores quedaban ligeramente abiertos para recibir la estopa, pero los bordes interiores estaban tan juntos que no podía ver la luz del día entre ellos. Todos los empalmes estaban sujetos mediante pernos pasantes, con tuercas de rosca que los apretaban contra las cuadernas, de modo que no habría quejas de ellos. Se utilizaron muchos pernos con tuercas en otras partes de la construcción, en total unos mil. Mi propósito era hacer que mi embarcación fuera robusta y fuerte.
Ahora bien, es ley en Lloyd’s que la Jane, reparada toda ella con piezas de la antigua hasta ser enteramente nueva, sigue siendo la Jane. El Spray cambió de ser de forma tan gradual que resultaba difícil decir en qué momento murió lo viejo o nació lo nuevo, y no importaba. Las bordas las construí con puntales de roble blanco de catorce pulgadas de alto y las cubrí con pino blanco de siete octavos de pulgada. Estos puntales, encajados mediante mortaja en una tabla de cubierta de dos pulgadas, los calafateé con finas cuñas de cedro. Han permanecido perfectamente estancos desde entonces. La cubierta la hice de pino blanco de pulgada y media por tres pulgadas, clavada con grandes clavos a baos, de seis por seis pulgadas, de pino amarillo o de Georgia, colocados a tres pies de distancia. Las casetas de la cubierta consistían en una sobre la abertura de la escotilla principal, de seis pies por seis, para cocina, y un tamboril más a popa, de unos diez pies por doce, para camarote. Ambas se elevaban unos tres pies por encima de la cubierta y se hundían lo suficiente en la bodega como para proporcionar altura deambulatoria. En los