Zarpé de la cala hacia el mediodía, untado de grasa de la cabeza a los pies, mientras mi embarcación estaba embarrada de sebo desde la sobrequilla hasta el tope del mástil. Mi camarote, así como la bodega y la cubierta, iban repletos de sebo, y todo quedó profusamente embadurnado.
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IX. Reparación de las velas del Spray
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