Pero un tipo negro, una especie de capitán de puerto adjunto, que pasó por allí, pensó que sí, y me ordenó que me trasladara al otro fondeadero, el cual, a decir verdad, ya había inspeccionado y no me gustaba debido al mayor balanceo que allí provocaba el mar.
Y así, en vez de acudir raudo a las velas para cambiarme de sitio, le dije que zarparía de inmediato en cuanto pudiera conseguir una carta de navegación, la cual le rogué que me mandara a buscar.
—¡Pero digo yo que tiene que mudarse antes de conseguir na’ de na’! —insistió, y alzando la voz para que toda la gente de la costa lo oyera, añadió—: ¡Y es mismamente ahora!
Luego montó en cólera cuando los de la orilla se rieron al ver a la tripulación del Spray sentada tranquilamente junto a la borda en vez de izar las velas. > «¡Te digo que esto es