Zarpe de Gibraltar con la ayuda del remolcador de su Majestad; el rumbo del Spray cambia del canal de Suez al cabo de Hornos; perseguido por un pirata moro; una comparación con Colón; las islas Canarias; las islas de Cabo Verde; la vida en el mar; llegada a Pernambuco; una factura al gobierno brasileño; preparativos para el tiempo tempestuoso del cabo.
Lunes, 25 de agosto, el Spray zarpó de Gibraltar, bien recompensado por cualquier desviación que hubiera hecho de su rumbo directo para llegar a hasta allí. Un remolque perteneciente a Su Majestad remolcó al balandro hacia la brisa constante más allá del monte, donde sus velas atrajeron un viento volandero que la llevó una vez más al Atlántico, donde este aumentó rápidamente hasta convertirse en un vendaval furioso.
Mi plan, al bajar por esta costa, era alejarme mar adentro, bien lejos de tierra, que por estos rumbos es morada de piratas; pero apenas había logrado hacerlo cuando advertí una falúa que salía del puerto más cercano y que, para colmo, venía siguiendo la estela del Spray. Ahora bien, mi rumbo a Gibraltar había sido trazado con la idea de adentrarme en el mar Mediterráneo, cruzar el canal de Suez, bajar por el mar Rojo y dar la vuelta hacia el este, en lugar de tomar la ruta occidental que al final adopté. Me dejé influenciar por oficiales de vasta experiencia en la navegación de estos mares para hacer el cambio. Dado que los piratas de bajura en ambas costas eran numerosos, no podía permitirme tomar a la ligera aquel consejo. ¡Pero aquí me encontraba, a fin de cuentas, evidentemente en medio de piratas y ladrones!
Cambié de rumbo; la faluca hizo lo mismo, y ambas naves navegaban a gran velocidad, pero la distancia entre nosotros se reducía cada vez más. El Spray se estaba portando de maravilla; rendía incluso más que a su máximo potencial; pero, a pesar de todo lo que podía hacer, se anegaríaba