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nydus/Sailing Alone Around the WorldPublic
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XVIII. Doblando el Cabo de Buena Esperanza

Marsopas y delfines, y otros peces a los que no les importaba hacer ciento cincuenta millas al día, fueron sus compañeros durante varios días. El viento soplaba del sureste; esto le venía muy bien al Spray, que avanzaba con firmeza a su máxima velocidad, mientras yo me sumergía en los nuevos libros que me habían regalado en el cabo, leyendo día y noche. El 30 de marzo fue para mí un día de ayuno en honor a ellos. Seguí leyendo, ajeno al hambre, al viento o al mar, pensando que todo iba bien, cuando de repente una rompiente barrió la popa y se metió descaradamente en la cabina, mojando el mismo libro que estaba leyendo. Evidentemente era hora de tomar un rizo para que no fuera borrasqueando en su rumbo.

El 31 de marzo, el fresco viento del sureste había venido para quedarse. El Spray navegaba con una vela mayor de un solo rizo, un foque entero y, además, un foque volante, izado en el bambú del Vailima, mientras yo leía el delicioso libro de Stevenson Un viaje en bicicleta [An Inland Voyage]. El balandro volvía a hacer su trabajo sin tirones, sin apenas balancearse, saltando alegremente entre las olas borregueras, con un millar de juguetones marsopas haciéndole compañía por todas partes. Se encontraba de nuevo entre sus viejos amigos, los peces voladores, interesantes moradores del mar. Saliendo disparados de las olas como flechas, y con las alas desplegadas, planeaban sobre el viento en gráciles curvas; luego descendían hasta tocar de nuevo la cresta de las olas para humedecer sus delicadas alas y renovar el vuelo. Alegraban todo el día. Uno de los espectáculos más gozosos en el océano durante un día luminoso es el vuelo continuo de estos interesantes peces.

Uno no podía sentirse solo en un mar como este. Además, la lectura de encantadoras aventuras realzaba el escenario. Me encontraba ahora en el Spray y en el Oise, en el Arethusa, al mismo tiempo. Y así el Spray devoraba las millas, haciendo una buena marca cada día hasta el 11 de abril, que llegó casi antes de que me diera cuenta. Muy

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