Me aseguró que si me quedaba unas horas más, unos amigos de Somerset, que quedaba cerca, nos harían una visita a todos, y uno de la tripulación, que clasificaba conchas en la cubierta, «supuso» que así sería. El segundo también lo «supuso». Los amigos vinieron, tal como hasta el segundo oficial y el cocinero habían «supuesto» que harían. Eran el señor Jardine, ganadero famoso en toda la región, y su familia. La señora Jardine era sobrina del rey Malietoa y prima de la hermosa Faamu-Sami («La que hace arder el mar»), quien visitó el Spray en Apia. El señor Jardine era en sí mismo un magnífico ejemplar de escocés. Con su pequeña familia a su alrededor, se contentaba con vivir en este remoto lugar, acumulando las comodidades de la vida.
El hecho de que el Tarawa hubiera sido construido en Estados Unidos explicaba que la tripulación, el muchacho Jim y todos los demás, fueran tan buenos adivinadores. Resultaba curioso, sin embargo, que al capitán Jones en persona, el único estadounidense a bordo, jamás se le oyera adivinar nada.
Después de una agradable charla y de despedirme de la gente del Tarawa, y del señor y la señora Jardine, volví a levar anclas y puse rumbo a la isla Thursday, que ahora se veía claramente, en medio del canal del estrecho de Torres, donde llegué poco después del mediodía.
Aquí el Spray permaneció hasta el 24 de junio. Al ser el único representante estadounidense en el puerto, esta escala era imperativa, pues el 22 se celebraba el jubileo de diamante de la Reina. Los dos días adicionales fueron, como dicen los marineros, para «ponerse al día».
Mientras tanto, pasé días agradables por la isla. El señor Douglas, magistrado residente, me invitó un día a dar un paseo en su vapor entre las islas del estrecho de Torres. Como se trataba de una expedición científica dirigida por el profesor Mason Bailey, botánico, recorrimos las