En la isla del exilio de Napoleón: dos conferencias. Un huésped en la habitación de los fantasmas en Plantation House. Una excursión al histórico Longwood. Café en vaina y una cabra para descascararlo. La mala suerte del Spray con los animales. Un prejuicio contra los perros pequeños. Una rata, la araña de Boston y el grillo caníbal. Isla Ascensión.
Eran cerca de las doce cuando el Spray echó ancla frente a Jamestown, y «todos a bordo» bajaron inmediatamente a tierra para presentar sus respetos a su Excelencia el gobernador de la isla, sir R. A. Sterndale. Su Excelencia, cuando desembarqué, comentó que no era frecuente hoy en día que un circumnavegante pasara por sus dominios, me dio una cálida bienvenida y dispuso que contara los pormenores del viaje, primero en el Garden Hall para los habitantes de Jamestown, y luego en Plantation House —la residencia del gobernador, situada en las colinas a una o dos millas hacia el interior— para su Excelencia, los oficiales de la guarnición y sus amigos. El señor Poole, nuestro digno cónsul, me presentó en el castillo y, en el transcurso de su intervención, afirmó que la serpiente marina era yanqui.
De la manera más regia fue entretenida la tripulación del Spray por el gobernador. Me quedé en Plantation House un par de días, y como una de las habitaciones de la mansión, llamada la «habitación del oeste», estaba embrujada, el mayordomo, por orden de Su Excelencia, me hospedó allí, como a un príncipe. En verdad, para asegurarse de que no se hubiera cometido ningún error, Su Excelencia vino más tarde para comprobar que estaba en la habitación correcta y para contarme todo acerca de los fantasmas que había visto o de los que había oído hablar.