Sin dudar de la información, levé ancla inmediatamente, como había tenido la intención de hacer desde el principio, y puse toda la vela rumbo a San Juan de Antigua, donde llegué el 1 de junio, habiendo navegado con gran precaución por la mitad del canal durante todo el trayecto.
El Spray, siempre en buena compañía, se topó ahora con la lancha de vapor de los oficiales del puerto a la entrada del mismo, la cual llevaba a bordo a Sir Francis Fleming, gobernador de las islas de Sotavento, quien, para deleite de «todos a bordo», dio instrucciones al oficial al mando para que remolcara mi barco hasta el puerto. Al día siguiente, su excelencia y lady Fleming, junto con el capitán Burr, de la Marina Real, me hicieron una visita. En Antigua se me ofreció gratuitamente el palacio de justicia, tal como se había hecho también en Granada, y en cada lugar un público sumamente inteligente llenó la sala para escuchar una charla sobre los mares que el Spray había cruzado y los países que había visitado.