Si el Spray no descubrió ningún continente en su viaje, tal vez sea porque no había más continentes por descubrir; no fue en busca de nuevos mundos, ni navegó para parlamentar sobre los peligros de los mares.
El mar ha sido muy difamado.
Encontrar el camino hacia tierras ya descubiertas es algo bueno, y el Spray hizo el descubrimiento de que incluso el peor mar no es tan terrible para un barco bien equipado.
Ningún rey, ningún país, ninguna tesorería en absoluto, pagó impuestos por el viaje del Spray, y este llevó a cabo todo lo que se propuso hacer.
Para tener éxito, sin embargo, en lo que sea, uno debe emprender su trabajo con inteligencia y estar preparado para cualquier imprevisto.
Veo, al recordar mi propio pequeño logro, un estuche de herramientas de carpintero no muy elaboradas, un reloj de hojalata y unas tachuelas para alfombra, no demasiadas, para facilitar la empresa, tal como ya se ha mencionado en la historia.
Pero por encima de todo había que tener en cuenta unos años de estudios, en los que estudié con diligencia las leyes de Neptuno, y estas leyes intenté obedecer cuando navegué por ultramar; valió la pena.
Y ahora, sin haber cansado a mis amigos, según espero, con detalladas explicaciones científicas, teorías o deducciones, solo diré que me he esmerado en contar precisamente la historia de la aventura en sí. Una vez hecho esto, a mi pobre manera, amaro ahora la nave, estaqueo los cables, y dejo el balandro Spray, por el momento, a buen recaudo en puerto.