crossed himself and made for his cabin. I did not see him again. By sundown he was as far astern as he had been ahead the evening before.
Cada vez había menos monotonía. El 16 de julio el viento soplaba del noroeste y el cielo estaba despejado, el mar se mantenia en calma y una gran barca, con el casco oculto tras el horizonte, apareció a la vista por la amura de sotavento; a las 2:30 p.m. me comuniqué con la embarcación. Era la barca Java, de Glasgow, procedente de Perú con destino a Queenstown a la espera de órdenes. Su viejo capitán era un cascarrabias, pero una vez me encontré con un oso en Alaska que tenía mejor aspecto. Al menos, el oso parecía contento de conocerme, ¡pero aquel viejo gruñón! Bueno, supongo que mi saludo le interrumpió la siesta, y el hecho de que mi pequeño balandra pasara junto a su gran barco tuvo en él un efecto similar al que produce un trapo rojo en un toro. Le llevaba una ventaja considerable a los barcos pesados, por mucho, gracias a los vientos flojos de este día y de los dos anteriores. El viento soplaba débil; su barco era pesado y estaba sucio de algas, por lo que avanzaba con dificultad, mientras el Spray, con su gran vela mayor hinchándose incluso con brisas ligeras, surcaba las aguas con tanta agilidad como uno pudiera desear. —¿Cuánto hace que está calmado por aquí? —bramó el capitán del Java cuando me puse a tiro de voz. —No lo sé, capitán —le grité de vuelta con todas mis fuerzas—. No llevo mucho tiempo aquí. Ante esto, el oficial de proa esbozó una amplia sonrisa. —Salí del cabo de Sable hace catorce días —añadí. (Ya me encontraba bastante cerca de las Azores). —Oficial —le