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nydus/Sailing Alone Around the WorldPublic
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XVIII. Doblando el Cabo de Buena Esperanza

presagiaba capitanas de barco en el futuro en lugar de capitanes. Así terminará siendo si los varones seguimos diciendo que «no podemos».

En las llanuras de África atravesé cientos de millas de tierra fértil pero aún estéril, salvo por matorrales en los que pastaban rebaños de ovejas.

Los arbustos crecían separados entre sí por una distancia aproximada a la longitud de una oveja, las cuales, pensé, eran más bien alargadas de cuerpo; pero aun así había espacio para todas.

Mi anhelo de tener un punto de apoyo en tierra firme se apoderó de mí en este lugar, donde tanta tierra yacía desaprovechada; mas en vez de quedarme a plantar bosques y recuperar la vegetación, regresé al Spray en los muelles Alfred, donde la encontré esperándome, con todo en orden, exactamente como la había dejado.

Me han preguntado con frecuencia cómo era posible que mi embarcación y todos sus aparejos no fueran robados en los diversos puertos donde la dejaba durante días seguidos sin un vigilante a cargo.

Así es exactamente como fue: el Spray rara vez caía entre ladrones.

En las islas Cocos, en Rodrigues y en muchos lugares así, un manojo de fibra de coco en el picaporte, para indicar que el dueño estaba ausente, aseguraba las pertenencias incluso contra una mirada codiciosa.

Pero cuando llegué a una gran isla más cercana a casa, hicieron falta cerraduras resistentes; la primera noche en puerto, las cosas que siempre había dejado descubiertas desaparecieron, como si la cubierta en la que estaban estibadas hubiera sido barrida por un golpe de mar.

Una visita muy grata del almirante sir Harry Rawson, de la Marina Real, y de su familia puso fin a las relaciones sociales del Spray con el cabo de Buena Esperanza.

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